La Carta al Lehendakari (sin esperanza alguna)
      ha sido escrita por el miembro de la RED VASCA ROJA Josu Cerrato Ozerin. Infructuosamente intentado A) el remitirla por correo electrónico a su destinatario y B) que GARA la publicara, Josu la ha envíado a Lakua por correo ordinario y finalmente la publica aquí en nuestra web. Fechada a 15 de enero de 2003.


      CARTA AL LEHENDAKARI (SIN ESPERANZA ALGUNA)

      Señor Ibarretxe:

      Al escribirle me embarga una mezcla de sensaciones a cual más desagradable. Vergüenza, dolor, resentimiento... Hay poderosas razones para ello.

      El que esto escribe es natural y vecino de Erandio, residente por lo tanto en la Comunidad Autónoma del País Vasco cuyo gobierno usted preside. Un territorio habitado por personas cuyos derechos fueron violentamente arrebatados y han sido violentamente negados durante siglos, reducidos en la actualidad a unas "singularidades" que se nos presentan además como meras concesiones de un estado español libre, en última instancia, de recortarlos o sencillamente suspenderlos, como tan a menudo le recuerdan últimamente.

      Y es que yo también soy vasco. Como usted. Como vascos o vascas somos la inmensa mayoría de sus gobernados (con las únicas excepciones de quienes aquí están en calidad de ocupantes, de un ejercito y una administración extranjeras, de quienes residen aquí de forma provisional y de quienes libremente no se consideran a si mismos vascos y tienen todo el derecho de que su opción personal sea respetada).

      Somos, eso si, vascos y vascas de diferentes tipos, al parecer absolutamente incompatibles. "Vascos-vascongados" los unos, "vasco-españoles" como los "vasco-navarros" y a diferencia de los "vasco-franceses". Porque como usted sabe, aunque a menudo parece olvidar, no es el Lehendakari de todos los vascos. Porque, como bien le recuerdan desde España, los vascos en realidad no existimos, haberlos haylos, de todos esos diferentes tipos, pero vascos-vascos, vascos a secas no. Nunca existieron. Son una invención nacionalista, un delirio racista... una mentira.

      A ambos lados de los pirineos, en diferentes "regiones" y sometidos a diversas administraciones, se reconoce la existencia de los "Países vascos", pero Euskal Herria no existe. Nunca existió y nunca existírá. Diga usted, digamos los vascos, lo que digamos. Eso dicen los "demócratas" españoles y franceses, a quienes usted reconoce como tales. Y ese es el primero de los derechos que se nos niega. Y con él nuestra libertad, la de todos. Porque nadie puede ser libre si su pueblo no lo es. Porque no había franceses libres en la Francia ocupada, tan sólo heroicos resistentes y colaboracionistas traidores. Del mismo modo que nunca cubanos, filipinos, saharahuis, argentinos, ecuatorianos, venezolanos... fueron españoles libres, aunque así lo afirmase la constitución española de la época.

      Dice, y dice bien, la campaña de su gobierno en el último aniversario de la declaración universal de los derechos humanos: "Sin derechos ¿Qué nos queda?". Porque es cierto que "Nuestra vida vale lo que otros dicen que vale", que "Alguien opina que nosotros no opinamos", que "Se nos persigue", que "Se nos tortura", que "Se nos impide ser lo que somos y queremos ser", es decir "Se nos despoja de nuestros derechos y libertades. Se nos quita todo".

      Esto ya lo sabe usted, a juzgar por este texto del pasado 10 de Diciembre, aunque sólo parece recordarlo en esa fecha y mirar para otro lado el resto del año. Y además aparenta no tener ninguna responsabilidad en que así sea, los derechos humanos son violados por los españoles (que son demócratas pero no perfectos) y por ETA (que son terroristas y punto), usted y los suyos vírgenes y mártires, machacados por unos y otros.

      No admiten responsabilidad alguna porque han decidido excluirnos de la categoría de personas con derechos a decenas de miles de vascos y vascas, a mas de 200.000, a casi 2 de cada 10 de los vascos por ustedes gobernados. Unilateralmente han decidido marginarnos, criminalizarnos... ignorarnos.

      Pertenezco a una Asociación, Etxerat (nacida de la unificación de Gureak y Senideak), que agrupa a miles de personas y representa a un colectivo de decenas de miles, el de los familiares y amigos (compañeros de trabajo y estudios, convecinos...) de los represaliados políticos vascos (presos, refugiados, deportados, huidos...). Sobre nosotros no pesa condena ni limitación de derechos alguna, somos victimas inocentes e indefensas de los estados que niegan nuestra misma existencia, de sus policías y jueces, de sus leyes y de la flagrante vulneración de las mismas, de sus políticas penitenciarias... Y lo que es más triste, lehendakari jauna, también de sus policías y de sus políticas.

      También por su parte, todo tipo de consideraciones para con otros y para con nosotros el desprecio, cuando no el insulto, en el mejor de los casos se nos ignora. Tenemos, como le decía al inicio, muchas razones para el dolor y el resentimiento, para avergonzarnos de las palabras, y de los hechos, de quienes dicen representarnos. Muchas y poderosas razones después de tantas ofensas y, sobre todo, de tantos silencios por su parte y la del portavoz de su gobierno, de tanta marginación en sus, que no nuestros, medios de comunicación públicos... y ¿qué decir del trato recibido de policías a sus ordenes? ¿cómo calificar tantos golpes y castigos, tanta represión al servicio de leyes y tribunales españoles? ¿cómo llamar a sus aplicaciones, al pie de la letra e incluso con extralimitaciones, de la legislación antiterrorista o de la ley de "seguridad ciudadana" (la famosa ley Corcuera), de los autos de la Audiencia Nacional española...?. Actuaciones propias de cipayos, a imagen y semejanza de la guardia civil.

      Sobre todo ¿Cómo seguir callando ante la tortura?. La tortura si, señor Ibarretxe, que ertzainas, pulcros funcionarios públicos directamente a sus ordenes, practican con personas detenidas al amparo de la legislación antiterrorista española, en los periodos de incomunicación decretados por la Audiencia Nacional española, pero en el silencio y la impunidad de calabozos de esta tierra. En sus calabozos, lehendakari.

      Esa practica abominable que atenta contra la dignidad humana, provocando que se desee la muerte, que se pida a gritos, que se atente contra la propia vida... que demuestra, en definitiva que no es la vida el primero de los derechos humanos, que éstos no admiten jerarquías, que su única formulación posible es la de el derecho a una vida digna.

      Esa tortura que el portavoz de su gobierno niega, como otros portavoces de otros gobiernos hicieron y hacen, como no podía ser de otro modo. Y que usted simplemente ignora .¡Qué vergüenza señor Ibarretxe!

      Le decía que soy de Erandio, de Astrabudua mas concretamente. Pues bien, sin salir de este humilde barrio podría hablarle de varios casos concretos, con nombres y apellidos, de vulneración de derechos, de gentes que sufren directamente, diariamente, las consecuencias de sus decisiones y de sus olvidos. Podría hablarle de Jon, preso desde 1.982, que lleva mas de 20 años recorriendo cárceles españolas, que fue acercado de Tenerife a Jerez de la Frontera para acabar en Algeciras, de momento. Que lleva mas de 4 años sin ver a su madre, Puri, imposibilitada de realizar un viaje semejante. O de Mila y su hija Aiboa presas la una en Valencia y la otra en Madrid, obligadas a la cruel decisión de solicitar un vis a vis para verse a sabiendas de que puede significar el traslado de Aiboa a Valencia con el consiguiente coste para familiares y amigos. Aiboa una joven vasca, plena de vitalidad y de encanto... en prisión provisional bajo acusación de pertenencia a Segi (antes Haika, hoy en la clandestinidad, a la que han enviando a miles de jóvenes), sin que quepa albergar grandes esperanzas de que ningún juez, tras lo sucedido con la sala cuarta, se atreva a poner en libertad provisional hasta transcurridos 2 o mas años de injustificable prisión preventiva.

      Podría también hablarle de mi hermana Lurdes ingresada hace tan solo unas semanas en Langraitz para cumplir una condena de 6 años, de los que 2 pasó ya en Carabanchel y Soto del Real, de cuyo futuro destino nada podemos saber. Y la experiencia nos aconseja temernos lo peor.

      Si saliese un poco del barrio, sin abandonar el eskualde, en la margen derecha de la ría del Ibaizabal... ¿cuántas cosas no podría contarle?. Podríamos hablar de las familias de Xavier, corresponsal de EGIN asesinado en Donibane Lohitzun por los mercenarios del GAL, o de la de Eugenio, abatido a tiros a las puertas de un euskaltegi de Iparralde, o de la amoma del preso Angel, muerta en accidente de tráfico cuando volvía de una visita...

      Me gustaría, sobre todo, contarle lo vivido por los familiares de Orkatz. Detenido y torturado por policías a sus ordenes. Pero ¿cómo transmitirle el sufrimiento y la dignidad de su ama diciendo a cuantos quieran escuchar que tan solo quiere que no digan que ellos no sabían, que nadie se lo dijo? Como dijeran tantos alemanes que por fuerza escucharon los gritos, olieron la carne quemada...

      ¿De que no le hablaría si me refiriese a Euskal Herria entera y a toda la atormentada historia de nuestro pueblo?

      Acabo señor Ibarretxe. Recientemente he recibido una carta suya pidiéndome mi opinión sobre su "iniciativa para la convivencia". Gustosamente se la trasladaría y estaría dispuesto a hablar también de todas las violencias, de la violencia política de ETA, de sus victimas... de cuanto usted quiera. Pero, a cambio, le pediría que, durante 15 minutos, escuchase lo que yo tengo que decirle sobre otra violencia, la que directamente sufrimos decenas de miles de conciudadanos suyos.

      Recíbame, lehendakari jauna, se lo pide este humilde ciudadano, alguien sin poder o representatividad alguna, cuyos derechos son continuamente vulnerados, cuya dignidad, a menudo pisoteada, se mantiene intacta. Porque es nuestra dignidad lo que nos hace personas, ciudadanos y ciudadanas si estos términos tuvieron alguna vez sentido.

      Atentamente

      Fdo. Josu Cerrato Ozerin

      Mezo 28 4º Izda. 48950 Erandio
      Euskal Herria

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